Merengues, fuera de juego

Real Madrid CF

Por Arian Alejandro

Santiago Bernabéu, ayer honorable presidente, hoy aforo para más de 81 mil almas que reclaman volver a la época donde el merengue era el sabor predominante en España, Europa y unos mares más allá.

Eras blanca que a la velocidad de la luz han pasado por los botines de Di Stéfano, Puskas, Emilio y su quinta del Buitre hasta el mago que hoy intenta revivir glorias pasadas, Zidane con los Galácticos. Su gol hace casi 14 años en Hampden Park marcó aquella final de Champions ante Leverkusen y al mismo tiempo puso un stop en el vertiginoso dominio del mejor Club del siglo 20. Solo pinceladas a golpe de cartera y de promesas del todopoderoso Florentino: La final de Copa en Mestalla ante el eterno rival, La Liga de los 100 puntos con Mourinho a cargo y la tan anhelada décima; teñida de derbi y bajo el mando del siempre querido Ancelotti.

Siete títulos de 38 posibles no cubren los gastos de Bale, Benzema, Kaká y Cristiano. Solo el luso ha logrado unir el odio y el cariño que le persigue, los convierte en goles y ya es un mito viviente de la entidad nacida en Chamartín. Más de 10 entrenadores en dos períodos del señor Pérez dan cuenta de la inestabilidad de un Real Madrid que a su vez prefiere vender camisetas que terminar de hacer hombres a sus talentos.

Pero lo peor no es la sequía en las vitrinas, sino con los dientes apretados y sin chistar, ver al enemigo histórico festejar una y otra vez. Incluso destrozando récords que llevaban traje blanco, con un genio del fútbol, Leo Messi, el niño de la servilleta, el crack donde ha descansado el Barcelona del mago Ronaldinho, el tikitaka de Guardiola y ahora con el pistolero Suárez y el fantástico Neymar.

¿Crisis?

Eso es lo que afirman aquellos que no hace mucho despedían a diario a Benítez, luego elevaban al cielo a Zinedine tras dos goleadas frente a equipos colchón y al caer ante los colchoneros en un derbi casi intrascendente piden cabezas y hablan de Revolución. Así es la prensa, capaz de repetir tanto las mismas líneas hasta transformarlas en verdades virales en pocos segundos.

Y la verdad; guste o no, lleva color azulgrana. El Barça débil en la zaga, en su momento dueño de la medular y hoy vertical balón cocido al botín, es quien manda en casa y fuera de ella. Quien no lo vea comete sacrilegio al decir que siente en su pecho el fútbol. Fanatismos apartes, madridismo al turno de espera, la pelota como la vida rueda con un reloj cíclico, el turno de la victoria está a la vuelta de un saque de meta.

¡Que rebote el balonazo!

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