El Bayern, el equipo al que odiaban los nazis

Tomado de Marca.com

Nacido en el seno de una familia de comerciantes judíos en Planneg, muy cerca de Múnich, Kurt Landauer (1884-1961) defendió la camiseta del Bayern en 1901 y fue presidente cuatro veces del club. Bajo su mandato llegó el primer título nacional de los bávaros (1932). Dejó el fútbol pronto. En Lausana y luego en Florencia se formó como banquero. En 1913 regresó a Múnich y fue elegido presidente del Bayern, cargó que abandonó a causa de la I Guerra Mundial y que recuperó entre 1919 y 1933, con una pausa en 1922.

Si Berlín iba a ser la capital del Reich, la de Baviera era la cuna en la que había crecido el poder de Adolf Hitler. La sangre judía de Landauer, como la del entrenador (Richard Dombi) hizo que el Bayern fuera declarado “un club judío” (Judenclub). El Múnich 1860 se convirtió en el club de los nazis.

El 22 de abril de 1933, Landauer fue obligado a renunciar a su cargo como presidente del Bayern, también a abandonar su trabajo en la imprenta Knorr&Hirth. Encontró ocupación en una lavandería judía. El 10 de noviembre de 1938, el día después de la Noche de los Cristales Rotos, fue detenido y enviado al campo de concentración de Dachau. Era el recluso 20.029.

Estuvo encerrado hasta el 12 de diciembre. Horrorizado, emigró a Suiza dejando atrás tres hermanos muertos a manos de los nazis y una hermana desparecida de la que nunca más tuvo noticias. Otra hermana, Henny, escapó a Palestina.

Durante su exilio suizo se vivió una escena legendaria en la historia del club. En 1943, en plena ofensiva alemana en el frente oriental, el Bayern jugó un amistoso en Zúrich. La expedición del club fue acompañada por miembros de la Gestapo que se encargaron de advertir, a través de una “clase de educación especial”, que quedaba terminantemente prohibido contactar con emigrados alemanes y judíos.

El botones del hotel en el que se instaló el Bayern en Zúrich entregó una nota a Konrad Keitkam, el entrenador del equipo entre 1943 y 1945. Camino de su habitación y al lado de su esposa, Magdalena, la estaba leyendo emocionado cuando uno de los agentes de la Gestapo le tocó el hombro y le pidió que le diese el papel: “Sabemos de quien es, le hemos estado vigilando”. La nota era de Landauer. Sin embargo, poco antes de empezar el partido, el técnico y los jugadores se dirigieron a la zona de la grada en la que habían localizado al expresidente del club para saludarlo de lejos ante la frustración de los encargados de vigilar a la expedición.

En junio de 1947, la prensa alemana anunciaba el regreso de Landauer a Múnich. Él mismo había escrito una carta a los aliados ofreciendo el apoyo del Bayern a los esfuerzos de normalización. Y una semana después de la rendición nazi, desde el club se envió una carta al nuevo alcalde de Múnich (Karl Schanagl, detenido en Dachau acusado de participar en el intento de asesinato de Hitler en 20 de julio de 1944) recordando que “catalogado como club judío, hemos sido perseguidos de todas las formas posibles por el nacionalsocialismo”.

Landauer retomó su cargo como presidente del Bayern al poco de regresar y lo mantuvo hasta 1951. Diez después moría a la edad de 77 años. Forma parte de la trinidad de presidentes de honor del club junto a Franz Beckenbauer y Wilhem Neudecker.

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