Tinta culé: Título con y al sacrificio

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Por Arian Alejandro

El FC Barcelona abrió y cerró la temporada levantando al cielo nuevos títulos a su ya extenso palmarés, ante el mismo rival, pero ciudades distintas, torneos diferentes y con el mismo esfuerzo que dejó olor a extra. En el Vicente Calderón El Sevilla de Emery; rey del segundo escalón europeo, acariciaron la épica de dos coronas en cinco días, pero el rival de este domingo poseía armas escondidas que afloran en momentos adecuados.

Partido sin goles en el espacio regular, intensidad máxima. Un hombre de menos para quien casi siempre suele tener la mayoría, aunque un dato revelador muestra que los hispalenses también saborean frecuentemente la ventaja de piezas en la cancha. Mascherano, adiós sin chistar, pero no sería el único problema para Lucho. El pistolero que fulminó a todos los rivales que se intentaban oponer camino al cetro liguero, se lanzó al suelo, rota la pierna, vino el llanto y la tormenta vestía la desesperación.

Ya no estaba el “jefecito”, tampoco el “matador”, ahora había que hacer valer la frase favorita de Luis Enrique: “Seguro que sufriremos”, y así fue. Piqué fue un muro, Busquets se hizo omnipresente, Iniesta; capitán, héroe, señorial. Sevilla empujaba menos de lo que debía, Barça resistía como pocas veces necesitaba. Sevilla no descifraba la abnegación inacostumbrada de los culés y lo pagó viendo la felicidad mudarse a la zona azulgrana.

La roja a Banega fue el bálsamo que la justicia envía de manera asidua a los grandes, fue el agua vendita para refrescar los kilómetros que se dejaron por más de una hora Messi y Neymar. Era el primero de los envíos letales del argentino que darían jaque y luego mate a los guerreros de Unai. El resto fueron 30 minutos y un poquito más en donde Alba casi al iniciar el tiempo extra y la N del tridente cuando suspiraba el reloj de Del Cerro Grande ponían nombre al premio del verdadero trabajo en equipo.

Otra Copa del Rey para los que más la han alzado en toda la historia. Otro doblete doméstico para quienes también dominan este acápite en tierras ibéricas. Esta vez quizás sepa a la gloria de los chicos que han ganado todo, pero pocas así, al borde del precipicio, a punto de caer en la hoguera, jugando al límite de lo que aparentemente menos dominan, esperar, recuperar, correr y disparar. Pero el fútbol da lecciones dentro y fuera del rectángulo.

Que rebote el balonazo

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