Dinastía gala a orillas del Manzanares

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Por Arian ALejandro

Diego Pablo Simeone estará una temporada más arengando como solo él sabe a sus legionarios rojiblancos, a los que ha devuelto entre otras cosas la fe del éxito en casa y a lo largo del viejo continente. La tarea de siempre, moldear un nuevo inquilino en la punta de ataque a su agotador pero eficaz modelo de juego dentro del rectángulo verde, se nombra ahora Kevin Gameiro.

El francés llega a sus 29 años, con tres coronas de Europa League en sus espaldas con los colores del Sevilla y un registro goleador digno de los futbolistas mejores valorados, 144 partidos en los que anotó 67 dianas, a chicos y grandes, incluso saliendo desde la banca, aspecto que ha arrastrado a lo largo de su carrera. Primero en sus dos temporadas con el PSG debido a la presencia de Lavezzi, Lucas Moura e Ibrahimovic. Luego en sus comienzos con el club hispalense en donde tenía que ceder ante el protagonismo de Carlos Bacca, con quien demostró empatía y excelente mezcla cuando se les decidió juntar en pos del arte de marcar en redes rivales, nada más atinado por parte de Emery.

El Cholo buscaba un socio para Antoine Griezmann, un 9 que emule actuaciones de otros que en épocas recientes han dejado huella en el Vicente Calderón y han comprendido a pie de cancha como se interpreta lo que lleva en la cabeza el eufórico entrenador argentino. En la temporada 2012-2013 Radamel Falcao y Diego Costa se combinaron para hacer vibrar al feudo capitalino en 54 ocasiones en todas las competiciones, 34 para el colombiano y 20 para el hispano-brasileño. Potencia, juego en las alturas y dura lucha para los zaguero rivales hacían de esta dupla el arma letal del “Cholismo”, jugasen o no juntos desde el pitazo inicial. Al finalizar esa campaña el cafetero prefirió los millones del envolvente proyecto del AS Mónaco y dejó el protagonismo para Costa. Falcao desde entonces no fue el mismo, lesiones aparte.

Antes del arribo de Simeone en diciembre del 2011 para arreglar el desastre que dejaba Gregorio Manzano, otros dos sudamericanos ilusionaban a los aficionados que visitaban el recinto ubicado en el Paseo de la Virgen del Puerto. Diego Forlán, el último Pichichi que vistió de corto con la chamarreta colchonera (32 goles en la temporada 2008-2009) y la perla que salía del Independiente de Argentina, Sergio Agüero, unían descaro con liderazgo, velocidad con efectividad. Más allá de no transformar esa química en los tan añorados títulos, cubrir el vacío que había dejado el niño que fue a transformarse en hombre a las Islas, resultó objetivo cumplido. En cuatro temporadas juntos anotarían 207 goles, 101 para el albiceleste y 96 para el uruguayo. Desde el 2007 a Fernando Torres se le extrañaría pero nuevos ídolos dejaban su recuerdo a la sombra.

La búsqueda del “matador” no se ha detenido cada verano en el Atlético de Madrid. Mario Mandzukic en la 2014-2015 y un nuevo colombiano, Jackson Martínez en la 2015-2016 serían los siguientes inquilinos en zona de ataque, estos sólo duraron una temporada y media entre ambos. El croata que en 2013 levantaría la Champions League con el Bayern Múnich, sería la estaca que clavaría Diego Simeone para pivotear, abrirle espacios a Griezmann y Arda y principalmente ser el elemento uno en el juego aéreo, seña identificativa del Cholismo. Con 20 balones introducidos en redes contrarias en 43 partidos cambió las franjas rojas por unas negras, Madrid por Turín.

Por su parte Martínez traía un aval que lo relacionaba con un gran idilio entre el balón y las cabañas rivales. Desde Portugal mandaba señales a los grandes clubes de Europa y el Atlético en su constante reconstrucción no tardaría en captarlas. Durante el período del 2012 al 2015 con el Porto deslumbró con sus 94 perforaciones en 143 veces que pisó césped. Bien lejos de lo anhelado por los directivos tras el esfuerzo económico para traerlo al Calderón, se marchó al lejano oriente seis meses después de su presentación con un pobre registro de 3 goles en 22 choques. Baja forma física y su propio reconocimiento de no entender la filosofía y lo que quería de él el DT sudamericano le privaron de demostrar su potencia y buen poder de asociación para brindar triunfos a los atléticos.

Con la vista en el penúltimo fin de semana del actual mes de agosto, específicamente en su debut liguero ante el recién ascendido Alavés, Gameiro-Griezmann prometen ser una revolución 2G y dar más de dos dolores de cabezas a las zagas contrarias. Con el principito ya en la cima del más universal y que en apenas par de campañas se ha convertido en la lanza que se erige como el arma mortal de Simeone con 57 en 157, extrapolando lo que pide el míster, jugador sacrificado y colaborador de mitad de campo hacia atrás, amén de tener la capacidad de construir una fantasía desde el colectivismo e inmortalizarla a lo individual, se prevé que el establecido y triunfador 4-4-2 del Cholo se ha completado con Kevin el ex sevillista. Si el francés que increíblemente se quedó fuera de la Euro organizada por su país se acerca a los números que dejó en el Pizjuán, la verticalidad, el contragolpe en tres toques y sobre todo el gol se visualizan con extrema garantía para las filas colchoneras.

Que rebote el balonazo.

 

 

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