Jugar en Brasil es ir al infierno

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Por Arian nAlejandro

La venda al suelo. Rota la racha, se perdió el mito. Porque Brasil con poco dejó a Argentina sin nada. Un primer tiempo donde hubo más faltas que juego, más balones fuera que disparos de cara a puerta. Coutinho y Neymar, de los que aún llevan en sus botines el extinto jogo bonito, sentenciaron a la albiceleste aprovechando los espacios y los errores, el del Liverpool con un golazo, el azulgrana con una definición bañada de costumbre. No iba a ser esta vez, los pentacampeones del mundo siguen sin agachar la frente en sus predios si de eliminatorias a lo largo de la historia se trata.

Tite volvió a colocar a tres destructores en la medular para allanar el camino a los de arriba. No hay dudas de que el músculo se abre paso en la canarinha, al olvido la samba en el verde, bienvenida la ruda sonoridad del feroz y al mismo tiempo delicado contragolpe calculado por un 10, ejecutado por un 9 y un 11. Esta Brasil resultadista ha buscado creatividad en donde se levantó la muralla milenaria, y de momento todos contentos. El vecino, infame. Enzo Pérez fue la única nota rescatable de una total desafinación cuya sinfonía recuperaba al maestro de la orquesta, pero al parecer éste olvidó su mejor partitura, la que siempre se espera escuchar de los genios.

Los segundos 45 minutos del Clásico sudamericano, fue un clásico divertimento para Neymar y sus secuaces. Paulinho clavó aún más un estaca que ya hacia sangrar a borbotones al oscurecido Messi, al anecdótico Higuaín y al irreconocible Di María. Mientras, Bauza intentaba dar solución con quien no la ha tenido él, ni sus predecesores. Agüero corrió, corrió y solo corrió, hasta que se cansó sin tampoco lograr ni siquiera inquietar a un despreocupado Allison, que al cierre de los 90 y poquito más debe haberse sorprendido por no recibir disparo de la que dicen ser la mejor delantera del mundo. ¡Y pudo ser peor!

Donde mismo hace dos años Alemania confirmaba al gigante sudamericano que para volver a levantar la Copa, cualquier lugar menos en casa vale, Argentina entre tanto oprobio respiraba al ver como el egoísmo de Neymar, la ingenuidad de Paulinho y el infortunio de Firmino privaban al Mineirao de Belo Horizonte de contabilizar 4, 5, 6… y hasta el aborrecido 7, goles quedados en simple construcción. A la par, cero noticias de unos rivales urgidos de caras nuevas, de mentalidad argentina. En medio del caos un sincero homenaje al desaparecido capitán de capitanes, Carlos Alberto, ¿Protagonista?, el de siempre, Dani Alves sumó un número épico más a su espalda, el 4.

La verdeamarela se hace práctica. En la nueva etapa todo es fiesta, cinco de cinco y un solo gol en contra, literalmente. Pero ante los grandes dominadores del balón en la última década, jugando así, no les veo opción. No obstante el presente incita al optimismo y la reciente demostración da pie y medio a la prensa junto a los fanáticos para despedazar al maestro Leo en detrimento de Ney, el aprendiz, motivado luego de mostrar que el heredero está cerca, aunque de enemigo pasa a de vez en vez enfundarse la chamarreta de los mismos colores.

Que rebote el balonazo

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