El fútbol regala más que un silbatazo

Por Arian Alejandro

Minuto 90. Dos goles y se gritaba la épica. Con los ojos encima Deniz Aytekin, ¿Penalti sobre Suárez?, sólo en Camp Nou, como mismo en el Parque de los Príncipes si Cavani se lanzaba a la piscina en la que ha reinado Phepls. Pero después de la euforia y los lamentos, de las críticas y las polémicas, sin colegiado el Barcelona hubiese eliminado de igual manera al PSG.

Los parisinos vuelven a tachar su casilla de grandes en Europa y con la frente mirando el césped se unen al Manchester City y Arsenal  como eternos contendientes con estrella de fracaso. Si fuera francés sentiría vergüenza, hicieron todo lo posible para que el Barcelona se transformara en leyenda. Emery, responsable directo, señalado y retratado en tierras catalanas no podrá poner escusa alguna, sus jugadores menos aún. Timoratos, patéticos, sin la personalidad del 4-0; que pasó a saco roto tras la decepción del 6-1, tendrán que agarrarse a algo más que los petrodólares si quieren ser recordados más allá de un grupo de buenos futbolistas.

Frente, un elenco que acostumbrado a poner a sus rivales en la misma piel que ellos supieron sudar hasta la merecida victoria. Dieron un giro a una temporada irregular, que verá al final el adiós del técnico, técnico que este 8 de marzo supo mover las piezas acorde a las necesidades y ganó la partida gracias a 549 segundos inmortales del escolta aventajado de un rey que pronto le dejará la corona. Luis Enrique asegura un palco privilegiado en la memoria blaugrana entre los que desde la banda disponen.

Neymar se ha colado en pleno dentro de los corazones culés. Gambeteando en la cancha y los juzgados el paulista pidió el balón, mostró el arte brasileño justo en el espacio que el árbitro pita, el portero organiza, la barrera se acomoda y la física es desafiada tras pegar un zapatazo. ¡Le quitó un penal a Messi! 12 pasos y los recuerdos gloriosos de Río. No le bastó al chico que idolatraba a Robinho y a quien comparaban con Pelé, que miró el reloj, hizo acopio de paciencia y le mandó la bola, un recado y una misión a Sergi Roberto, el canterano se vistió de Iniesta en Londres, el resto ya se escribe en los libros.

Para los que fueron en busca de una diana que ellos certificaban como lapidaria, infortunio e incompetencia. A los que se agarraron a la fe, orgullo y milagro. Gracias al fútbol que de vez en mes regala hora y media de inagotables emociones. A las 90 mil almas que dejaron el eco de sus cantos en el recinto azulgrana, testigos de primera mano y que agolparon en sus retinas acciones futboleras para la historia, el reconocimiento de llorar porque lo esperaron. Si hay triplete, festejos a borbotones, si la vitrina queda desierta en el 2017, aun así, tendrán motivos los aficionados azulgranas para  que sientan admiración por acomodarse en sus siluetas esos colores.

Que rebote el balonazo

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