El mal se hace mayor

Por Arian Alejandro

El caos después de un KO, innecesario, mejor resetear y mente fría. Una derrota ante la que hoy considero la “mecánica naranja” de los diamantes, que no por inesperada deja de doler por las circunstancias, Holanda 14 Cuba 1.

Cómo le explico a mis nietos que en el 2017 un país por el que se corre entre bases y se hacen swines por simple inercia, otra nación, iluminada por la magia de botines conduciendo la que un día fuese blanca y negra, nos haya humillado y puesto con más fuerza el dedo en la herida que supura hace mucho tiempo la piel de nuestro pasatiempo.

En el 2006 un subcampeonato en el certamen beisbolero más importante que habíamos enfrentado después de 1959 dio alas para destruir, cuando lo correcto hubiese sido bajar del cielo de San Diego y aprovechar el salto para perfeccionar lo que hoy sigue congelado  u olvidado en el cajón donde lo a resolver se convierte en meras justificaciones.

De Anglada a Martí, señalados por los que abogaron y por los de siempre, con justicia y sin ella, comandantes de una nave suicida y con fecha de caducidad antes del final de casi todos los eventos. Ellos estaban limitados en decisiones y en opciones, en determinaciones y en peticiones. Culpables también los principales actores (Los Peloteros), indefensos ante los monstruos adinerados, héroes frente a los inmotivados “que se rentan”.

Así han sido 11 años de inmovilismo directivo, de promesas añejadas, de trabajos ineficientes. Período en el que la pelota no es tocada como y cuando es debido. 72 meses en los que robar dejó ser arte, la zona para ponchar varía más que el precio del tomate, las ensaladas de helado son el plato fuerte desde los montículos… ¡la Serie Nacional no puede ser de 16 equipos!, en una nación envejecida y con poco más de 11, millones de habitantes.

Nunca se puede menospreciar la masiva búsqueda del sueño al que invita la gran carpa, pero a la vez algo se queda al descubierto, unos bisoños que acumulan menos del famoso ABC que de la inexperiencia achacable al pobre rendimiento en la depauperada élite nacional. Si la base representa los cimientos de cada estructura, la del béisbol cubano tiene defectos de obra para estudiarlos todo un año sabático.

Carlos Martí, olvidado hasta que dejó petrificados a los que se disputaban el puesto de timonel, es la última “víctima” de una revolución que se hace esperar dentro de los diamantes antillanos. No escapa de la culpabilidad al dejar más de lo permisible a Cepeda (15 VB 1 H 1 CI 067 AVE) como tercer madero; aferrado más a la historia que al presente, al demorar los cambios de un line-up que pedía a gritos agua para refrescarse, o su capricho con el zurdo Yera (7.2 INN 7 CL 7 BB 8.75 PCL), quien jamás resolvió ni el más mínimo de los problemas encomendados. Ah, y claro, sentenciado por su propio discípulo Blanco (4.1 INN 4 CL 4 BB 8.78 PCL), preservado con honores y expulsado de la lomita con tormentos. De otras batallas fracasadas, las manos de Carlos no pueden ser cortadas. La conclusión no admite complicaciones: Cuba no estaba contemplada como protagonista, los tiempos han cambiado, sólo a quienes les corresponde parecen obviarlo o no quieren darse cuenta.

Nos vemos más allá del diamante

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