Las maldiciones también cambian de color

Por Arian Alejandro

Brasil buscaba su primer título mundial en 1950, en casa, en el mítico y ahora moderno Maracaná. Iban de blanco, hasta ese día, día que la garra charrúa silenció el olimpo del fútbol sudamericano. Desde entonces es la verdeamarela y han levantado cinco veces la Copa Mundial, aunque si de supersticiones se trata, en 2014, con la ilusión de ver a la canarinha en la final, el calendario fue diseñado para que a esa instancia llegaran sin pisar su recinto sagrado. Los que alzarían la corona les vetaron el Mineirao, 7-1 e historia más que contada.

2017 en su vertiginoso andar, disparado hasta el mes de abril, nos regala los cuartos de final de la máxima competición del viejo continente en cuanto a clubes. Algo podría cambiar en la vida del Bayern Múnich en el futuro, pero lo único cierto hoy, es que ni obligando al real Madrid a vestir de negro, pudieron espantar la racha negativa con los elencos españoles desde 2014 en la Champions League (7 JJ 5 JP 2 JG), de los descalabros 3 ante sus últimos verdugos.

Zidane lanzó al césped teutón a casi todos los actuales campeones de Europa como titulares tras levantar la orejona en Milán. La idea era tan práctica como la utilización de la BBC, paciencia. Y así fue. Los de Ancelotti, héroe por un día en “tierras merengues” cuando les obsequió la añorada décima, ordenó presión asfixiante desde el pitazo inicial en busca de un premio que no tardaría en llegar. Vidal, como si de ADN alemán hablásemos, llevó a las redes rivales el balón y a Keylor tras potente cabezazo, contagiando de su propia euforia a la banda blanquiroja. Pero el Madrid como reyes de este “show” seguía teniendo paciencia, incluso al ver a Neuer frenar como nadie a Benzema y al que una vez más sería semidiós en las noches mágicas, que son noches marca Real.

Arturo quiso clavar la espada, ser la piedra en el camino de los blancos; condenados al negro, pero de vez en vez la justicia baja al verde y erró un penalti que debió ser señalado por falsas manos de Carvajal. Toda Múnich sabía que perdonar a los visitantes era un pecado con ribetes de autodestrucción. Cristiano lo certificaba nada más comenzar el segundo tiempo, despertaban a la bestia, que además se hizo centenaria. Ronaldo desequilibró la balanza al desesperar a Javi Martínez y sin más remedio y total claridad hacer que Rizzoli en tres minutos mandara a las duchas al central español. Lo intentarían con orgullo más que con fútbol los locales, pero sufrieron media hora de acoso en la que la respiración se cortaba una, otra y otra, hasta que la segunda diana de CR7 hizo caer al casi invulnerable Manuel.

Resultado convincente, importante, necesario y en gran medida suficiente. Al Bayern le sobraron las ganas de Robben y Ribery, pero le faltó el talento de Thiago y los goles del ausente Lewandowski. Al éxito en la cancha, se suma el aguante de Ramos al salir “limpio” de una batalla sin amarillas para un capitán que estará en la vuelta que muchos preveían sin él. Nuevamente los puñales llamados Dani y Marcelo desangraron la zaga rival, junto a ellos el atrevido Asencio, el constante Karín y el “nuevo 9”, Cristiano. Ha vuelto el Balón de Oro y con él los dueños del evento. En la Liga de Campeones, todos los caminos conducen al Real Madrid, aunque esté de negro.

Que rebote el balonazo

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