Fútbol bajo cero

Por Arian Alejandro

¡Confirmado!, de los  milagros viven esos que llevan los sueños más allá del límite entre lo virtual y lo real. Al Barcelona se le hizo larga una noche, que lejos estuvo de ser mágica, aunque desde las gradas del Camp Nou, las banderas agitadas y el retumbar del himno hacían menos amargo el final. La Juve cambió a lo que sabe, defender es un arte y ellos lo trazan con líneas que rozan la anhelada pero inalcanzable perfección.

Bonucci y Chiellini fueron pesadilla para Suárez, sus amigos de azulgrana lo intentaron, insistieron, perdonaron. La remontada era un bloque pesado, que con el de cursar de los minutos se tornaba inaguantable para los encomendados, para los que volvieron a mostrar que son mortales.

Partidos sin goles, pero con emociones encontradas. Dani Alves besaba el césped que aún lo extraña y se retiró con el abrazo a un desconsolado Neymar. Dybala e Higuaín; sacrificados como el resto, poco pudieron mostrar en su verdadera faceta, en los pocos ataques juventinos la terminación deberá ser tarea para estudio inmediato.

Mandzukic y Cuadrado volvieron a desgastarse con las peticiones de Allegri, todos corrieron, todos blindaron el camino del grito enemigo que nunca llegó. Antes del pitazo final, otra BBC se plantaba en el verde catalán. La entrada de Barzagli convirtió el fortín en muralla y le dio más tranquilidad a un Buffon confiado, a quien únicamente probó Mascherano, el inesperado resumen del ataque culé.

Messi levantó leves bullicios, pero su mirada estaba apartada del arco rival. Luis Enrique complació a las masas, quizás en detrimento de su propia idea, ni así fue suficiente. El camino de los cuartos de final ha sido demasiado escabroso para un Barça fatigado futbolísticamente. El banquillo no será el cambio más importante para la próxima temporada, hay mucho que hacer en el verano para Robert Fernández.

A Ney se le terminó la carrera por el Balón de Oro. Sus lágrimas son de un chico que vio apagado la luz al final del túnel, las del héroe que se siente en deuda y que no podrá redimirse en el esperado Clásico liguero. Su dolor tiene cura: trabajar, trabajar y trabajar, sólo así podrá cumplir con el cartel de heredero que da la vuelta al mundo balón al pie.

Los bianconeros, únicos “forasteros” en eliminar a un elenco español en el certamen desde el 2014 (Real Madrid en semifinales 2015 y Barcelona en Cuartos de final 2017), festejan su asiento entre los cuatro grandes de Europa en busca de extender el dominio local al continental. Con sólo dos goles recibidos en el torneo y 30 en 47 partidos a lo largo de esta agotadora temporada, se colocan como el otro gran candidato, detrás del Real Madrid. Ya nadie dice que es la Juve de Conte, tiene el molde de Allegri, con quien muchos buscan la “última posibilidad” de la despedida idílica, una orejona y ciclo completado.

Que rebote el balonazo

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