Clásico in extremis

Por Arian Alejandro

Debieron pasar tres años, -al menos para mí-, tiempo en el que el choque más esperado y promocionado del fútbol español y europeo a nivel de clubes nos debía una noche como la vivida este 23 de abril en el Santiago Bernabéu. Los 92 minutos jugados no decepcionaron. Menos pegarle desde el punto fatídico, que pudo ser, hubo de todo lo necesario para etiquetarlo como noche mágica sin ser entresemana.

Zidane apostó al once de gala sin Pepe, pero forzar la máquina galesa le costó un cambio que en el epílogo seguro echó de menos. Claro, Asensio otra vez le mostró a él, a la casa blanca y al viejo continente que el fútbol ha tenido y tendrá sentido, antes y después de la “guerra” Messi-Cristiano. Las corridas del extremo ibérico por la banda derecha dejaban sangre en la zaga culé y hacían inmenso a Ter Stegen. El portero alemán paró las verdes y las maduras, sólo Casemiro y James; invitados inesperados a la fiesta del gol, pudieron descifrar el muro teutón.

Luis Enrique no quiso ser menos en su despedida de estos “shows” y salvo Neymar, mandó al césped madrileño a los hombres adecuados para un cara a cara que se preveía definitorio, desde un golpe mortal hasta el anhelo de otra remontada. Paco Alcacer era la alternativa del asturiano tras la ausencia del brasileño y como actor de reparto no desentonó, pero le quedó inmensa la fama en su minuto de gloria, frenado en gran medida por un Keylor que pide quedarse a ritmo de atajadas como las sufridas por los azulgranas en este duelo.

Un Clásico de alternativas, de máxima exigencia, de tener el arco entre ceja y ceja. Los guardametas; duelo aparte, de lo mejor en la noche. Las defensas atareadas, parecían tomarse vacaciones a lo largo del partido en muchos de sus pasajes. Los Suárez, los Benzemá, por la senda de lo inexacto, inefectivo… Y ese que todos decían que ya le tenía que llegar la hora de volver a colocarse el traje de superhéroe, de salvador, no. Leo lo empató, dio espacio a Rakitic para dar ventaja, lo definió y tuvo tiempo para enseñar su número junto a su nombre, que le valió una amarilla, pero intrascendente a la par que incomparable con el silencio que él escuchaba del Bernabéu.

Antes, con uno menos, con un Ronaldo enfadado, pero luchador en día sin premio, los merengues volvían a creer en la épica, como ante Las Palmas, Villarreal, Sporting y en su visita al Camp Nou. Ramos tomó el camino que debió recorrer el 14 de los locales, Hernández Hernández ponía en evidencia una vez más la equivocada forma que actúan los colegiados españoles. El Madrid encerró al Barcelona, pero se les olvidó que los urgidos por los tres puntos eran los catalanes, y lo pagaron. Marcelo se autocritica por no frenar a Sergi Roberto, pero el lateral zurdo fue nuevamente figura indispensable en cada arremetida madridista.

El más universal no trabaja en la órbita de los juzgados. Los de casa fueron mejor, por una cabeza, medio botín, pero lo fueron. En líneas torcidas por los dioses del fútbol, la sentencia final la escribieron los visitantes, enganchados como de costumbre en esta época a la chistera del pequeño mago Leonel. Dicen que hay Liga, pero la respuesta sigue vistiendo de blanco y lleva marca Real.

Que rebote el Balonazo

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