Imperio blanco

Por Arian Alejandro

Desde aquella bolea en Glasgow que elevaría al cielo la novena Copa de Europa del Real Madrid, el tiempo de espera para volver a gobernar donde nadie lo ha hecho como ellos valió la pena. Cuatro años, tres coronas y una misma magia, Zinedine Zidane y nada más. De aprendiz tomó los apuntes necesarios para la misión que sabía no tardaría en llegar.

Cardiff cerró el círculo tres lustros después, en el mismo reino y con la corona inamovible. Vestir de blanco para levantar la orejona no fue algo repentino ni por azar, era una promesa, una obligación. El Real Madrid no se inmuta ante los retos, ni se desespera, simplemente cuando menos lo imaginas, estás siendo triturado por la máquina merengue.

Fueron diez minutos iniciales previstos, pero sin premio italiano. La Juventus no dejaba respirar a un Madrid tan morado como su percha, hasta que Pjanic probó romperle el arco a Keylor, sin fortuna, ahí sin saberlo comenzaría el diagnóstico de ansiedad que certificaría Cuadrado con su desacertada actitud en sus escasos e ineficientes 22 minutos en cancha.

Cuando las cosas no andan bien, dentro del verde, sólo el Madrid encuentra salida. Bastó una recuperación de Kroos, un movimiento de Benzema y dos toques entre Carvajal y Cristiano, y Ronaldo no perdona. Luego un espejismo con ribetes de goleoteca. Mandzukic adornaba la final con una diana de crack, pero sería la última puesta en escena de la armada bianconera. El resto del guion se escribió en un único idioma, el español, y con la misma tinta, la blanca.

En la cita que despedía la temporada, en este equipo los héroes que en otros son anónimos, aquí se llevan recompensa. Casemiro no sólo dejó sin opciones a la joya del moribundo rival, Dybala, sino que acompañado de la diosa fortuna, clavó una daga que en un pestañazo convertía en herida mortal un semidiós. A CR7 le han colocado una silla en la apartada mesa donde cuentan historias de sus hazañas, Cruyff, Pelé, Maradona y Di Stefano. El luso es la obra que ha encumbrado la labor de Zidane en el banquillo madridista. Una conversación, un sencillo método, un resultado inequívoco: Los embates del implacable solo se dejan sin efecto con el descanso adecuado, con la responsabilidad justa.

Para la anécdota y como apunte que tiene premonición de histórico, un diamante llamado Asensio dejó su huella en el epílogo, muestra de que en Gales se confirma el nacimiento de la nueva hornada que continuará alargando la leyenda blanca. Junto a él, Carvajal, Lucas Vázquez, Morata; si renuncia a los cantos de sirena e Isco, forman la columna vertebral ibérica que desmonta la teoría galáctica. Del malagueño, fijo ayer, hoy y mientras sus piernas respondan a la par que ejecuten lo que su brillante cabeza entiende como  fútbol, una unificada sentencia: El hombre y el balón.

La Juve dos años después ve caer y perder otra legión que no encuentra el camino a lo que para ellos ha dejado de ser la Orejona para transformarse en el Santo Grial. Allegri no vio respuesta al enroque en la medular que le presentó Zidane y solo sus hombres de banda fueron capaces de mantener igualada la contienda por 45 minutos. Alves y Alex Sandro fueron incisivos, pero Marcelo y Carvajal sólo necesitan una para cambiar el rumbo de la batalla. Los laterales del Madrid, movidos como manecillas exactas por el reloj croata, Modric, hicieron de arena la muralla italiana, que recibió en 90 minutos más goles que en los 1080 jugados durante todo el torneo y dejó indefenso al sufrido Buffon, que vio escapar posiblemente el último tren de su anhelado trofeo.

Noche de récords, noche de inmortales. Suman y siguen los de la capital española si de marcar goles partido tras partido se trata. Doce coronas, doblete inédito en la era Champions, doblete con sabor a liga 59 años después. La alfombra está lista para recibir al ganador que recibirá su quinto Balón de Oro. La norma firma de la casa es que el tiempo no se puede dividir en dos, porque los merengues nunca han dejado de ser el uno. Ajax, Barcelona, Bayern, Liverpool y AC Milan han marcado épocas, estilos. Lo del Real Madrid es pragmático, invariable, pura casta. Marca la historia.

Que rebote el balonazo

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