Supercampeones

Este Madrid no es de época, es el mismo que ha estado en la cima del fútbol a lo largo de la historia, que ha derrumbado al último elenco osado en querer apartarlo del único camino que conocen los de la tierra blanca, el éxito. El mismo Madrid que a donde quiera que se exhiba lleva incluso los tres palos que siempre acompañaron a Iker y hoy están con Keylor.

Dos Champions consecutivas, algo que nadie había y probablemente cueste ver hacer, a lo que suma por simple convicción, dos Supercopas de Europa y muy seguro, dos Mundiales de Clubes. Todo esto, más el regreso al reinado de la Liga Española, con el mago de Glasgow en el banquillo. Zidane lidera un grupo compacto en donde por encima de él ni siquiera brillan los cinco balones de Oro de Cristiano y pesa muchísimo el que menos minutos corre por el verde.

La obra rematada este miércoles en el Bernabéu con el 2-0 frente al meditabundo Barcelona (Global de 5-1), muestran un camino donde solo luces encandilan el trayecto. En el recinto sagrado de los monarcas de casi todo hubo tiempo para comprender las diferencias entre imperios de paso y monarquías longevas.

El Real Madrid manejó los hilos a su antojo. Cuando quiso aplastó a sus indefensos y cohibidos contrarios, con la misma medicina que no hace mucho ellos recetaban en el viejo continente. Cuando lo entendió le prestó el protagonismo, haciéndole comprender que de una u otra forma se jugaba al ritmo merengue.

Asensio clavaba otra daga en el corazón culé, que no se explica cómo no viste de azulgrana y ahora lanza una alfombra blanca en busca de su futuro dorado. Benzema sellaba el ataúd blaugrana con su reencuentro idílico, con su fútbol de grandes momentos. Mientras Kovacic movió el balón al compás del talento que se desborda en la medular madridista.

En Valdebebas todo es alegría, y con razón. Récord local de partidos seguidos sin perder, a seis duelos de la marca mundial de juegos contiguos anotando gol, que es de 74 del mítico Santos de Pelé. Con una plantilla joven, experimentada y renovada con sangre de casa, poco puede salir mal.

Un dato es revelador a la par que insólito: 7 derrotas en la era Zizou y 7 títulos, algo que indica el lugar donde verdaderamente está el parque de diversiones al que presumía dirigir Luis Enrique. Por eso Todos se rinden ante el Supercampeón. Todos quieren vestir la tela del Supercampeón. Ah, claro, todos querrán ser el héroe que baje de la nube, del olimpo, al que por derecho y por decreto futbolístico hay que llamarle Supercampeón. Mientras la esférica va y viene,  seguimos esperando, seguimos disfrutando al Supercampeón.

PD

En la esquina de una cabina de radio en la vieja Habana apago el micrófono para convertir las gambetas en tinta.

Sígueme en: @cronicaryan

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