Otro regate al presidente

Parece no bastar la tensión de los juzgados, las cifras “escondidas” por el fichaje de Neymar, o el anuncio de la aún dilatada firma de Messi. Ahora Josep María Bartomeu vuelve a quedar perplejo ante otra fantasía del Señor Andrés, quien fuera de las canchas suele ser tan directo como sus majestuosos pases, al confirmar que no tiene ningún preacuerdo de renovación con el FC Barcelona.

El héroe de Stamford Bridge medita desde la medular cómo hacer con el implacable tiempo lo mismo que contra sus rivales. Los años pasan, las glorias de sus conquistas se afianzan al libro de la historia, pero una verdad es irrefutable, Iniesta ve más cerca el adiós que la continuidad. Y él lo asume, con la vergüenza del recién llegado, con la maestría de un ícono. Por lo que disfrutarle cada fin de semana o a intermedio de vez en cuando, es un privilegio para esos que toman asiento en cada recinto dentro y fuera de España.

Desde la medular desmiente a una directiva que acumula críticas al nivel de la ovación que merece Don Andrés. Él ama el Barça, tanto como a Fuentealbilla, pero hay vínculos que se van rompiendo en una aparente sombra, en unas totalmente desacertadas justificaciones. Lo de hoy es la causa del efecto Luis Enrique, serio e implacable, a la par que ingenuo cuando pensaba que el “duende” debería reservar su magia para momentos cumbres. Nada más lejos de la realidad. Porque minutos mal repartidos son manecillas que no regresan al igual que esas bondades que sólo Iniesta sabe brindar en el verde.

Giro, vista al frente y vuelve hacerlo desde la medular. No mendiga minutos, los exige porque el Barça lo necesita, porque el Barça está obligado a mostrar sus valores y qué mejor abanderado, si ya no está Xavi y apenas le queda la compañía del mejor que ha vestido esa camiseta en todas las épocas. Su tiempo sigue siendo éste, su espacio sigue estando a la izquierda, como aquel interior de los años románticos, que se anhela y por desgracia la extinción para esta especie es un peligro casi indetenible.

El balón está justo en el medio. Los hilos están en los despachos, el talento en los botines del que representa la cúspide de La Masia, y eso pesa más que cualquier ofrecimiento que no esté acompañado del respeto acumulado en cada césped. Pocos goles, pero ideales, coronados con los éxitos que se rinden a la humildad de una figura que es emblema, que es objeto de admiración y de una sana ambición por intentar imitarle. Si la esférica no se mueve en la dirección correcta, él la tomará paciente, la tocará solvente, la mimará como nadie. Al final, car a cara, mano a mano, será el de siempre, los reflectores, los elogios, para otros. Con él se encumbra el arte del fútbol, y a su vez le asiste con traje de responsabilidad a aquellos con corbata, a ver si saben correr sin balón al pie, pero con el mismo sacrificio para volver a ver otro iniestazo.

Pd

Desde la esquina de una cabina de radio en la vieja Habana apago el micrófono para convertir las gambetas en tinta

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