El efecto millonario que se hace esperar

Siempre que se hable de Ousmane Dembélé, se pondrá en la mesa el nombre de Neymar, el exagerado precio de su traspaso desde el Borussia Dortmund hacia el Barcelona, y de momento, la poca aportación del joven extremo francés al club catalán, pues su segunda lesión vestido de azulgrana le alejará un mes de las canchas españolas, y puede que de alguna europea.

La verdad, esto no estaba en los planes de Ernesto Valverde. Sin visitas a la enfermería en su corta historia alemana, perdiéndose únicamente par de partidos durante la campaña anterior (La victoria 1-0 ante el Bayern y el duelo ante el Ingolstadt por acumulación de tarjetas), poco se le podrá exigir al galo de ahora en adelante, ya que cada vez que pise el verde estará en la mente de todos la posibilidad de dejarle de ver una vez más.

Ilusionó con la contribución a uno de los goles de Messi frente a la Juventus en el primer duelo de Champions League de la fase de grupos, así como la carrera a campo abierto en el derbi liguero para luego asistir a Luis Suárez y coronar la goleada culé. Después, en el áspero césped del Coliseum, sintió un pinchazo y listo. Su cara, más expresiva no podía ser, se le terminaba el 2017 en el plano futbolero, amén de obligar al txingurri a buscar las alternativas que hoy tienen al Barça como el único elenco invicto de las grandes competiciones del viejo continente. Su vuelta no urgía, todo marchaba viento en popa y el 2018 ponía a Ousmane como “refuerzo invernal” para Ernesto, que ha visto esfumadas las opciones de continuar las rotaciones con el talentoso ambidiestro entre la Copa y el certamen de la regularidad, y eso que el trato del técnico hacia el francés ha tenido una máxima invariable, mucha calma.

145 millones que mientras el rectángulo no diga otra cosa diferente, se han engavetado a la espera, rezos aparte, de que éste no sea la historia de una futura estrella, apagada poco a poco por cargar con un lastre que ha crucificado a más de uno. Ni fatalismo, ni pesimismo, ni falsas esperanzas, el barco anda bien, pero a Dembélé se trajo para estar cerca del capitán. Se le acumulan las preocupaciones al futbolista galo, que si para su complacencia ha podido realizar sus anhelos con tinte blaugrana, para los sueños de una afición que vio en él la fórmula para pretender olvidar a la joya brasileña que cambió de manera inesperada la Ciudad Condal por París, no tardarán en vociferar a los cuatro vientos la búsqueda de un nuevo heredero. Mientras tanto, se aguarda por él.

@CubanoBlaugrana

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