La clave del Barça, Valbene

No hay mejor momento para hablar de la actuación de Ernesto Valverde al frente del FC Barcelona que éste, tras una derrota copera, lo que no ocurría hace mucho y, en un derbi, que a los implicados les duele más. Nombrado el 29 de mayo de 2017 y presentado el 1 de junio, en busca de revertir la mala temporada con la que dijo adiós Luis Enrique, obteniendo sólo el título de la Copa del Rey, cambió el País Vasco por la Ciudad Condal, algo que rehusó hacer en el 2013, por lo que se  eligió en aquel entonces a Gerardo Martino para conducir a los azulgranas, yéndose en blanco durante ese curso.

Josep Maria Bartomeu calificó al txingurri como un entrenador con criterio, capacitado y experimentado, -Creo que no podía decir otra cosa-, sino para qué iban a designarle capitán de un barco a la deriva, que además veía por esos días de presentación del extremeño, como su archirrival se agenciaba el bicampeonato europeo, además del doblete contando el trofeo doméstico y que un par de meses después agravaría los síntomas de crisis al vapulear a los azulgranas en la Supercopa de España, debut oficial de Valverde, quien también tenía los planes trastocados luego de la salida novelesca de Neymar.

En el actual 2018 se cumplirán 15 años de iniciarse en los banquillos de primera división con el Athletic de Bilbao, equipo al que le dio la alegría de esfumar la larga racha de años sin levantar ninguna corona, terminando 31 veranos después en agosto de 2015, derrotando a su conjunto de presente en la Supercopa ibérica con global de 5-1, destacando la victoria de 4-0 en casa de los leones. También pasó por los mandos de Villarreal, Valencia y Espanyol, llevando a este último en el 2007 a la final de la Copa UEFA, la que perdió en penales frente al Sevilla. Sus mejores resultados en cuanto a galardones estuvieron lejos de España, en tierras imperiales otrora, acumulando 5 títulos con el Olympiacos, 3 de ellos en la Liga griega.

Curiosamente es el único DT, hasta ahora, que primero dirige al conjunto perico y posteriormente se para en la banda culé. Como jugador repitió conducta, aunque sus prestaciones en el verde no fueron las de un futbolista de época. Vistiendo la camiseta blaugrana en dos campañas anotó 22 goles, eso sí, debe haber bebido de la fuente llamada Johan Cruyff entre 1988 y 1990. Hoy se le exige recuperar el juego que ha identificado al Barcelona por casi 3 décadas, además de retomar la tradicional filosofía de convertir el eslogan de mejor cantera del mundo en brotes maduros para sobre todo en los tiempos que corren, evitar la inflación del mercado, amén de no tener que repetir el desangramiento de las arcas culés para potenciar una plantilla que su base, cultivada en cuna blaugrana,  va camino al inevitable adiós.

Con la pesada losa que significan los 14 títulos de Pep Guardiola y los 9 de Lucho, Ernesto, cumplidas 19 fechas del evento local, es más líder tras cada domingo, notándose principalmente los 19 puntos que separan al Barça del Real Madrid. Un equipo más compacto en todas sus líneas, con más músculo y brega en el centro del campo, quizás obligado o, puede que por estilo propio, ha renunciado al establecido 4-3-3 para dibujar sistemas acorde al rival que enfrente. Quienes han visto la mayoría de encuentros del Barcelona deben haber notado que Ernesto insiste más en dominar que en golear. Una vez dejado atrás el monopolio de la MSN, Valverde ha convertido al Barça en un equipo que aguanta, desgasta, controla y golpea, 49 puntos en liga contando solamente lo jugado en los segundos tiempos lo demuestran. La fórmula de bajar las revoluciones cuando el porciento de triunfo es viable, dice a las claras que su visión y trabajo es para 10 meses, no para media campaña.

Protagonismo para uno de los señalados del asturiano, Jordi Alba, a quien ha convertido en el Dani Alves de esta versión culé, pieza importante por todo el carril zurdo, sobre todo en ataque, ya sin Neymar y sin poder contar con el joven Dembélé, lesionado nuevamente, algo que preocupa aunque sólo sea de momento en pequeños murmullos. La conexión entre Messi y el lateral siniestro es uno de los sellos Valverde del nuevo Barça, junto a la recuperación de Andrés Iniesta, a la espera de unir a este trío al fichaje más caro en la historia del club, Philippe Coutinho. En el sudamericano estará el próximo reto del extremeño, pues encajarle en el puzle se intuye más complejo de lo que sus condiciones presumen. Más allá de la cantidad de minutos a repartir, Coutinho tendrá que aprender y entender que este elenco se mueve por el césped como un bloque, por lo que será el DT el máximo responsable de potenciarle esas labores defensivas de las que el carioca escasea.

Iniesta, a quien la entidad catalana le ha hecho un contrato vitalicio, teniendo el manchego la potestad de romperlo cuando él desee, ha vuelto a ofrecer un rendimiento a la altura de su fútbol, tras la irregularidad y mal manejo de su descanso por parte de Luis Enrique el curso anterior. Don Andrés ha sido conducido por el txingurri de forma bastante acertada, usando con él la regla del 60, promedio de los minutos en los que el 8 está en cancha y con una continuidad sólo frenada por molestias o un breve descanso vestido de rotaciones siempre necesarias. En la medular azulgrana le acompañan Busquets, Paulinho y Rakitic, permitiéndole a Iniesta concentrarse más en tareas creativas, uniendo su magia a la de Leo para encontrar las brechas en las zagas rivales.

Por su parte, el croata ha visto “cortada” sus apariciones en el área de los contrarios, siendo menor su aportación ofensiva en cuanto a goles, batón que ha recogido el brasileño que arribó desde China, poniendo Iván, sus servicios en forma de compañía de Sergio, al que ayuda en tareas de recuperación y salida desde atrás, evitando que el cinco catalán tenga que recorrer solo, más kilómetros de lo acostumbrado, pues Busquets destaca por su excelente anticipación, gracias al dominio del espacio-tiempo. Paulinho, criticado por los mismos que hoy le aplauden, es el arma sorpresiva que tiene Valverde. Acompaña casi todos los contragolpes blaugranas, apareciendo en la zona del “9” para recibir centros o aprovechar, ¡y de qué forma! , los rebotes de los porteros y de la madera. Son 8 goles, todos en LaLiga, uno menos de los anotados por Neymar en la misma competición en su temporada de debut con el Barça.

En punta, dos piezas que combinan talento y lucha. Leo y Luis Suárez perdieron un gran socio pero no el hambre de cara al arco y tras un inicio flojo del uruguayo, no hay partido en el que no aparezca la marca de ambos, en dianas o asistencias. Aparecen a priori en un hipotético 4-4-2, pero el rectángulo muestra a un Suárez arrancando desde la banda izquierda, puesto, al que ya se le ve bastante adaptado, pudiendo explotar su principal virtud frente a la portería, entrar y rematar de primera intención con su diestra. Su hueco como centro delantero es para el centrocampista que llega desde segunda línea, el mentado Paulinho o, como se ha visto en los últimos partidos, André Gomes. A este plan de Ernesto se une un Messi más centralizado, un mediapunta que aparentemente está lejos de la acción, pero en un pestañazo, aparece desmarcado y culmina como el crack que es.

Ha sido una metamorfosis luego del fracaso ante el Madrid el pasado agosto, poco a poco y con los deberes encaminados en el torneo de la regularidad, así como en la Champions League, donde nada más ha visto perforada su cabaña en una ocasión, en el Camp Nou ante su querido Olympiacos. Cierto es que el extremeño se ha notado más conservador en algunas visitas, más bien, las llamadas salidas de complejidad, pero salvo la derrota copera en el derbi, Turín, Madrid, el País Vasco y la Comunidad Valenciana no han podido derribar los planteamientos de Ernesto. Igualadas ante la Juventus, el Atlético de Madrid y Valencia, se suman a las victorias frente al Athletic, Villarreal y, las sobresalientes ante el Real Madrid y Real Sociedad.

Ninguna obra es perfecta, menos aun cuando se trata de fútbol y del análisis de la labor de un entrenador, la que se resume una vez finalizado el mes de mayo. Valverde no ha ganado nada aunque parezca ir camino al éxito. Una división extremadamente fina entre el éxtasis y el fracaso, que tendrá que manejar como el mejor de los ajedrecistas, pues si de algo ha padecido el club culé tras la euforia del segundo triplete, es de llegar a los finales de temporadas con el bajón, mental y futbolístico de sus principales baluartes. Algo que Valverde quiere evitar con las actuales rotaciones que ha enseñado en el enredado mes de enero, jugándose partidos cada tres días, lo que se le ha criticado en parte, enmarcado también por el descalabro ante el Espanyol, que además finalizó la racha invicta de los catalanes. Ni muchos cambios, ni excesiva confianza, para eso hay plantilla, pensará el txingurri, otra cosa es que los que acumulan suplencias sigan sin ser lo que necesita el club y, en primer lugar el entrenador. Encargados de manejar los hilos y siendo los menos reconocidos a la par que los más criticados y los primeros que se le abre la puerta de salida cuando no se alcanzan los objetivos. Valverde, de momento, tutto bene.

@cronicaryan

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